Puede ser difícil en estos momentos. Pero hay que intentarlo. Tenemos que ponernos el cristal de ver las cosas de la manera más adecuada. Porque las cosas, de verdad, no suelen ser buenas o malas en sí, sino que son, según el juicio que sobre ellas hagamos. Y hay recetas para pelear contra esas horas bajas. Por ejemplo, uno de los consejos básicos es admitir el término medio. Porque tenemos la tendencia a razonar casi siempre con absolutos. O somos genios, o somos un desastre total. Y la mayoría de las veces somos, simplemente, “psché”.
Se trata de evitar ver las cosas blancas o negras. Porque siempre hay un término gris. Es decir, debemos saber que hay puntos medios para todos, y especialmente para los logros o para los fracasos. Recuerde la frase: "Hay actuaciones fracasadas, no personas fracasadas".
Otra de las estrategias es no generalizar. Porque cuando decimos eso de “todo me sale mal, todo lo hago mal” resulta que un hecho aislado y negativo lo convertimos en una serie continuada al emplear esos términos del siempre o del nunca. Recuerde aquella sentencia: "Toda generalización es falsa; incluso, esta".
Otro de los consejos es eliminar esa especie de filtro mental, ese colador parcial que tenemos al juzgarnos a nosotros y que nos hace ver los detalles negativos y basarnos solo en ellos. Y hablamos de sentimiento interno, de mirada hacia adentro. Seguramente, si tuviéramos que decirlo en voz alta nunca aceptaríamos esa visión tan negativa de nosotros mismos. Nos llegaría a sonar ajena.
Tenemos que valorar más lo positivo que tenemos, que también es útil. Un ejemplo: ¿te imaginas la cara que pondría un chaval si a la hora de corregir un dictado le marcaras lo que pone bien, en vez de lo que pone mal? ¿Verdad que seria mucho más satisfactorio? Pues lo mismo debemos hacer con nosotros mismos. Destacar lo positivo más que lo negativo. Entre otras cosas, porque lo positivo nos anima a seguir en esa línea.
Otro de los problemas es la tendencia que tenemos siempre a sacar conclusiones de lo negativo. Y creo que para evitarlo tenemos a mano una explicación muy lógica ¿Cómo somos capaces de predecir que algo va a ir mal cuando no tenemos la más mínima evidencia?.No somos nadie para llegar a la conclusión de que alguien va a reaccionar contra nosotros. Si lo hacemos es solo por un defecto claro: que tenemos el hábito adquirido de adelantarnos a la conclusión, de concluir antes de tiempo.
¿Y eso de creer que los problemas son muchísimo mayores de lo que son? Ese es otro de los asuntos graves. Muchas veces, es cierto, pasa algo que realmente nos duele. Y también tenemos la tendencia a darle muchísima más importancia que la que realmente tiene. Y para darnos cuenta de eso no hace falta más que mirar un poquito hacia atrás. Tú mismo, o cualquiera de los que estamos reflexionando sobre estas cosas, que piense un momento en algo que le causó un enorme disgusto. Fue tremendo, sí. Pero ya paso. Seguramente lo magnificamos, le dimos muchísima más importancia que la que en realidad tuvo. No lo olvides: la importancia objetiva de los acontecimientos suele ser mucho menor.
Quizá el punto más importante de estas reflexiones sea la necesidad de evitar todo razonamiento emocional. Porque mucha gente juzga, analiza, incluso actúa, de acuerdo con el momento que vive, de acuerdo con lo que esta sintiendo en ese momento. Se puede resumir gráficamente en la frase que decía: me siento como un tonto, luego debo serlo. O dándole otra vuelta: si estoy en horas bajas, ¿por qué voy a analizar las cosas desde aquí abajo?
Y quisiera que ya para terminar, hiciéramos la promesa solemne de eliminar de nuestro vocabulario los verbos en condicional. La idea del "si hubiera" no es más que un juego de palabras que nos flagela de la manera más inútil. Seguro que conoces a muchas personas que se atormentan con eso del "debería haber hecho, debería hacer, tendría que ir, si hubiera hecho esto". No. Las cosas se hacen, y solo es útil volver sobre ellas, para aprender. Pero los juicios posteriores no conducen ya a nada.
No no hace falta ser un individuo especial. Yo creo que todos tenemos una tendencia clara a hacer todo esto que decimos y que podríamos evitar. Y recuerda que solemos caer en el defecto de culpabilizarnos, sin más Hay que evitarlo. Es decir, no tenemos por qué echarnos la culpa de algo de lo que no somos totalmente responsables, ni evadirnos diciendo que los culpables son los otros. Hay que reconocer si nos hemos equivocado y poner remedio, pero no martirizarse con ese "ya metí la pata", "no valgo para nada", etc.
Y otro detalle importante: no adelantar acontecimientos. El 99 por ciento de las cosas por las que nos preocupamos, nunca sucede. Hay que tenerlo en cuenta.