Antes de la crisis del coronavirus, la Fiscalía General del Estado (@fiscal_es) alertaba sobre la necesidad de mejorar "notablemente" la asistencia social a personas mayores y con discapacidad que viven en soledad ante el incremento de fallecimientos registrados en su domicilio sin que nadie tenga conocimiento de ello, considerados como la peor consecuencia de la soledad no deseada. Así consta en la Memoria 2019 de la institución en la que se recoge la "clara preocupación" transmitida desde varias fiscalías provinciales relativas al problema social existente en relación a los mayores que viven solos. En España más de 2 millones de personas mayores de 65 años viven solas y el 72% son mujeres.
Así, la muerte de mayores en domicilios durante el Covid-19 ha sido una de las cara menos visibles de la pandemia, pero que según apuntan datos de la Asociación Española de Profesionales de los Servicios Funerarios (@aesprof), el 32% de los fallecidos durante el pico de la pandemia lo hicieron en sus casas, y la mayor parte de ellos mayores, debido a que son uno de los grupos de riesgo más importantes. Los bomberos de Madrid también han notificado un aumento del número de aperturas de puertas de mayores solos que en muchos casos escondían a las más de 60 personas de edad avanzada que han fallecido solas en su domicilio en la capital, según sus registros.
Historias detrás de cada cifra
"Aunque lo hayamos normalizado, detrás de cada cifra hay una historia", recuerda Albert Quiles, director gerente de Amigos de los Mayores (@AmigosMayoresEs). Historias como la de José, ingresado en marzo por coronavirus que falleció solo en el hospital o la de Bartomeu, un voluntario de la asociación que acabó falleciendo también en su residencia. Pero frecuentemente se olvida a las personas que vivían en sus casas y están muriendo solas o pasando este periodo con grandes dificultades debido a su situación de aislamiento o fragilidad. "El drama de los mayores durante el COVID-19 ha puesto sobre la mesa el escaso valor que damos a la vejez y la necesidad de un cambio de modelo de cuidados", opina Quiles.
La soledad no deseada en el domicilio se ha paliado a través de llamadas telefónicas por parte de diferentes organismos dedicados a los mayores ante el colapso de los servicios sociales. "En teleasistencia no daban a basto en las primeras semanas, y había mucho miedo a ir a las casas sin protección adecuada" recuerda Quiles. Pero el hecho de no poder salir ha provocado mucha ansiedad, sobre todo ante los temores de que el Gobierno decretase que los mayores de 65 años serían los últimos en salir del desconfinamiento. "Esto ha generado muchos casos de tristeza, ansiedad", explica Guillermo Fouce, profesor Psicología Universidad Complutense de Madrid y portavoz del Colegio de Psicólogos de Madrid (@CopMadrid).
María, 83 años, 3 meses sin salir de casa
Tres meses sin salir de casa, sin ir a la compra, ni a por el pan, ni siquiera a la farmacia. Así es cómo ha vivido el confinamiento María Salvador, de 83 años, en su casa de Barcelona, la misma que la vio nacer. "Hija de la guerra" se reconoce a sí misma como una mujer luchadora y fuerte, pero a la que le ha tocado vivir alguna que otra tragedia. "Hace 7 años murió mi marido, y acostumbrada a hacer todo con él desde que mis hijos se fueron de casa, afrontar la soledad de golpe ha sido muy duro", explica a este diario, pero defiende que a todo de se debe acostumbrar uno.
Además el coronavirus le pilló a María tras ser diagnosticada de cáncer, por lo que a esta preocupación se unió la de la pandemia del Covid-19 que ha hecho retrasar todo el tratamiento de quimioterapia que iba a recibir. "Me preocupan las dos cosas, pero qué le voy a hacer, intento vivir todo esto con alegría y con mucha paciencia", cuenta, mientras reconoce que uno de sus hijos también padece cáncer "eso es lo más duro y por lo que no nos podemos ver".
Ganas de avanzar y no volver atrás
La preocupación por volver atrás también está presente. "Yo al fin y al cabo estoy acostumbrada a estar sola, lo único que ha cambiado ahora era que veía a mis vecinas por el balcón en vez de ir a tomar una merienda juntas", pero teme que si la gente no se tome en serio los riesgos del coronavirus en la fase de desconfinamiento, "esto vaya para largo". "Yo ahora salgo un poco más, a hacer la compra como puedo o dar un paseo, pero durante estos meses no quería y tenía una chica que me ayudaba y limpiaba la casa".
También asegura que las llamadas y videollamadas, así como leer y ver la televisión le han hecho compañía "pero las tardes se hacen muy largas..." y está deseando que todo vuelva a la normalidad para volver al grupo de teatro en el que participa en la asociación Amigos de los Mayores. "Yo nunca había hecho teatro, pero después de 6 años de que hubiese muerto mi marido, me propusieron participar en esta actividad y la verdad que ha sido como volver a nacer. Ya somos como de la familia y tuvimos mucho éxito representando la obra Càsting Giulietta en los teatros más importantes de Barcelona", presume.
María durante sus ensayos de teatro
La revalorización de las relaciones sociales
Al margen de eso, María asegura que la soledad no deseada es muy dura, sobre todo en situaciones como la suya. "Da un poco de miedo morir sola en casa. Es muy triste", pero reconoce que aunque físicamente esté sola, sus familiares, amigos están siempre pendientes de ella". Así, la situación de aislamiento que causa el confinamiento nos ha hecho mirar de frente a la soledad no deseada. Tal como apunta Regina Martínez, desde el Observatorio de la Soledad, habría que mantener la revalorización que se ha producido de las relaciones sociales y lo emocional como una oportunidad para luchar contra la soledad de los mayores.
"La soledad ha pasado de ser un tema predominantemente académico para convertirse en un tema cotidiano, palmario, sentido por todos. Es algo a celebrar, pues hemos visto demasiadas veces cómo solo si se relaciona la soledad con enfermedades “físicas”, palpables, pasa a tener un valor en la agenda política, como si el sufrimiento humano per se no fuese motivo, como si solo en el campo de los costes supiésemos poner valor a los problema", asegura.